Las personas mayores suelen tener un lema que repiten con frecuencia: «La salud es lo principal».
Había un anuncio de televisión, en blanco y negro. Se veía a un sabio griego vestido con una sábana y alguien le preguntaba: –Dime Academo, ¿qué es la felicidad?
Y de forma sentenciosa, el maestro respondía: –La felicidad es la ausencia del dolor.
Y una voz en off terminaba el anuncio publicitario diciendo: «Contra el dolor, tableta OKAL»
Y es que Hay un tipo especial de alegría: la del animal que está sano.
Al hablar de los jóvenes dicen algunos:
–«Déjales que se diviertan, que la juventud sólo se tiene una vez en la vida».
También a los quince años se le llama: «la niña bonita».
Y es que para otros la felicidad consiste en la juventud. No es de extrañar que Dorian Gray hiciera un pacto con el diablo para que le concediera la eterna juventud.
Conclusión: cuando uno está sano y es joven, tiene posibilidades de estar contento. Y si encima está enamorado, la cosa se vuelve exultante.
Pero ¿qué sucedería si una persona empieza a tener achaques? Ya cumplió quince años varias veces, y se le terminó hace tiempo «el amor eterno»...
Entonces puede ser que no sólo tenga canas, sino que también su alma se haya llenado de arrugas, que es peor. Y comience a tener alopecia espiritual.
Uno se pregunta si no habrá algún minoxidil con el que pueda «untarse» y evitar la caída de la ilusión.
Y es que en esta tierra, que es un valle de lágrimas, el Amor crece cuando se sufre por la persona que uno quiere. Sólo el amor puede darnos la felicidad, y en la actualidad sólo el dolor es la verdadera prueba de que se quiere de verdad.
«Quien no sabe de penas, en este valle de dolores, no sabe cosas buenas, ni ha gustado de amores».
Con razón un santo de nuestra época ha dicho que «la felicidad tiene sus raíces en forma de cruz».
A veces nos preguntamos si el Señor estará contento de nosotros, y es bueno hacerlo así. Pero también nos ayuda pensar si estamos contentos con Dios.
Una de las cosas que más dificulta la santidad es el espíritu de queja. La oración es la mejor medicina contra la tristeza. La infalible «tableta OKAL» que anunciaban en televisión.
Lo que podríamos hacer cuando nos demos cuenta de que no estamos contentos, es rezar: ponernos en presencia de Dios, y así se nos pasará el «calentón».
«Siempre alegres, para hacer felices a los demás». Porque los que nos rodean necesitan ver caras sonrientes.
Por eso hemos de pedir: –Señor: que los malos sean buenos; y los buenos, simpáticos.
Antonio Balsera